Opinión: El porqué de la renuncia

Por D. Lluis Esteve, secretario de Diplomacia, Justicia, y Cultura del Gobierno de Antares
Muy buenas, hoy vengo a explicar -desde un punto de vista totalmente personal y tratando de no herir susceptibilidades- lo acontecido en todo el famoso asunto “Microradio” y en la dimisión del cargo asignado por el director de la UMR, sr. Jorge de Antillón.
Como muchos sabrán (soy consciente de que no todo el mundo tiene por que saberlo) el proyecto original de Microradio fue idea de Antares. Yo mismo, en representación del Gobierno nacional fui el que transmitió la idea al por entonces y actual director/secretario general de la UMR, Jorge de Antillón, el cual pospuso la puesta en marcha del proyecto hasta los siguientes comicios con el objetivo de sacar un claro rédito electoral.
Después de las antes nombradas elecciones, la delegación antareña obtuvo el puesto de vice secretaría de la UMR -cargo que ahora ostenta la UPO y el de más autoridad tras la secretaría general- y la delegación polandesa obtuvo la dirección del proyecto “Microradio”. Hasta ahí, todo en regla; se puede discrepar más o menos de la idoneidad de cada uno de nosotros para los cargos que desempeñamos esos nueve meses, pero no es el tema que ahora nos atañe.
Tras todo este proceso y visto que nadie tomaba la iniciativa, de forma totalmente altruista y excediéndome en mis funciones como segundo de abordo de la UMR, tomé la decisión de comenzar yo mismo el proyecto. Creo que ese fue mi primer error, ya que a partir de entonces comenzó una cierta “crispación” que más adelante describiré. Solo decir que gracias a ello me gané ciertos apodos como “don perfecto” “agobiador” y otros términos por parte de algún que otro miembro del organismo micronacional y que, sin ir más lejos, fue uno de los muchos motivos que propiciaron la disolución de la Confederación de Torania -allá por agosto de 2016- y que marcaría un antes y un después en las relaciones diplomáticas de Antares. Igualmente, este escrito no versa sobre la política exterior de Antares; no me iré por las ramas.
Mi único objetivo por aquel entonces era realizar con la máxima celeridad y diligencia posible el proyecto de radiodifusión intermicronacional (recordemos que yo no era el legítimo encargado y por tanto, en mi opinión me estaba excediendo; aunque hay que decir que la UMR es una de mis pasiones y me gusta trabajar en ella para difundir la cultura micronacional). Pequé de ingenuo y optimista en cuanto al desarrollo micronacional se refiere: las micronaciones actuales, mal que nos pese, no están preparadas para llevar a cabo un proyecto de tal envergadura como lo era microradio.
Me arrepiento, lo admito. Me arrepiento de uno de los errores más garrafales que he tenido en toda mi carrera como micronacionalista. No obstante, soy de la opinión de que de los errores y las malas experiencias y errores se aprende. Lo dije cuando sucedió el conflicto de Torania -en aquella época yo presidía Antares- y lo vuelvo a repetir sin cesar y sin desfallecimiento.
La ejecución del programa piloto de Microradio (fue en agosto de 2016) resultó un autentico infierno personal ya que nadie se comprometía a sacar unos minutos para colaborar en el proyecto o dicho de otra manera, la mayoría de los miembros que tenían la posibilidad de colaborar “escurrían el bulto”. He de agradecer, eso sí, que Jorge de Antillón grabara un fantástico inicio en inglés y castellano que seguro pasará a la historia micronacional.
Perdí todas las ilusiones que había depositado en el proyecto, ya que, como coincidiremos usted y yo, querido lector, una sola persona no puede desarrollar un proyecto de esas magnitudes. Pero a pesar de todo aquello, en octubre de ese mismo año, conseguí sacar adelante aquel programa piloto, gracias también a la colaboración del ente televisivo de la Unión Popular de Occitania y a un programa de Radio Molossia, entre otras cosas.
Y es por esto, estimados lectores, que yo, como secretario de cultura de Antares he decidido renunciar a que Antares dirija Microradio (cargo que nos fue encomendado por sorpresa). Si aceptara dirigir un proyecto como Microradio estaría aceptando volver a caer en el mismo error y además, no ser fiel a mi palabra cuando ya anuncié que renunciaba.”Una y no más, Santo Tomás” como suelen decir…
Con esto me despido, ya que estoy seguro que, aunque haya querido ser lo más suave posible, este articulo levantará ampollas. Sin duda. De hecho, la siempre apreciada respuesta del reino de Numancia no se ha hecho de rogar: un tuit, al modo numantino, ha dado a entender que Microradio tiene los días contados en la UMR (si es que alguna vez los tuvo).
No obstante -como habrán podido imaginar- ni los berrinches, pataleos y los lloriqueos infantiles me harán cambiar de opinión.
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